Clínica del Exceso en la película La Sustancia
Eric Laurent (2024) en su conferencia del XVI congreso de la Universidad de Buenos Aires titulada El Psicoanálisis como respuesta a lo Real de hoy, hizo una referencia a la película La Sustancia de la directora Coralie Fargeat (2024) refiriéndose al superyó contemporáneo que no cesa de exigir gozar. Esto me condujo a verla a partir del prisma de lo que el arte, en este caso el cine, tiene para decir sobre el malestar en la cultura de nuestros tiempos.
Laurent en la conferencia previamente mencionada sostiene que el superyó contemporáneo es insaciable y empuja al sujeto al consumo sin límites. Sostiene a su vez que nos encontramos, cada vez con más frecuencia, frente a dos fenómenos clínicos que alternan entre los dos movimientos de la pulsión: excesos y retenciones. Violencia contra las mujeres o violencia contra sí mismos. Dirá Laurent (2024) “Estos dos movimientos, esta pulsación forma parte de la creencia en el goce sin fin”.
Es a partir de este marco que interesa la propuesta estética y artística de la película la Sustancia que paso a argumentar.
Elisabeth Sparkle (Demi Moore), conoció el éxito hace años a través de su programa de aerobics televisado. En el momento en que todo su mundo acabaría al ser despedida al cumplir 50 años, surge una mano invisible que le ofrece una nueva mercancía. Ella da el paso, y sin muchas preguntas decide ir en busca de la sustancia que le permitirá sacar de sí una mejor versión. Sin embargo, como toda sustancia, esta traía un breve prospecto: la versión anterior de sí misma no desaparece, esta retorna cada 7 días, en los que recuperará su apariencia y vida anterior. A su vez, para que la nueva versión se mantenga compensada, debe inyectarse diariamente una dosis de un líquido extraído del cuerpo de Elizabeth.
Cumpliendo con estos dos requisitos, el equilibrio se mantiene.
Todo hubiera sido perfecto si hubieran cumplido la instrucción de vivir una semana cada una, sin embargo la realidad de los seres hablantes poco tiene del ideal del equilibrio, siempre se quiere un poco más. Así que a poco andar fue apareciendo el odio.
El odio de si
Si hay que reconocer un aporte del psicoanálisis al problema de la segregación, este sería el odio al goce del Otro y la película lo muestra de un modo excepcional.
Cada vez que retorna una de las dos versiones de la protagonista, esta se encuentra con los restos del estilo de vida de la otra. Cada una en su propio exceso. Elisabeth aparecía en el caos de un apartamento post fiestón juvenil y Sue, su nueva versión, se encontraba por su parte con el apartamento de una hikikomori, aislada del mundo, con atracones de comida y tv basura, odiándola por desperdiciar sus días, esos días que le quitaba a ella misma… y así, enfrentadas al odio mutuo, se dirigen a la voz que al otro lado del auricular, les recuerda que no hay retorno, que lo que se perdió ya no se puede recuperar y les repite una y otra vez que no olviden que son la misma persona.
“Extimidad” es un neologismo que inventa Lacan para nombrar aquello que nos parece más ajeno a nosotros mismos pero que a la vez es lo más íntimo y desconocido para cada uno. Ahí, en ese agujero interior que es la extimidad, que es a la vez externo e interno, ahí ubica al goce. Ese otro extranjero que está en el centro, es el propio goce velado para el sujeto
Entonces podemos ver que sobre el telón de fondo de un guión que confronta al espectador con su propia mirada misógina y de rechazo al envejecimiento, nos encontramos con una película que pone en juego de forma descarnada el exceso.
El tratamiento que la directora le da al exceso, se aleja de ser un trabajo metaforizado del mismo. En este caso Frageat da un tratamiento más cercano a lo real del goce, a través de secuencias que llegan al límite de lo nauseabundo, para hacer sentir al espectador el exceso en el propio cuerpo. Esto queda gráficamente representado en la última media hora del film, en la esperas los créditos en todo momento, porque ya no lo puede llevar más lejos. Sin embargo la genialidad de la propuesta de su directora es que justamente la lleva más lejos llegando al punto de parecer una película de gore delirante. Pero ese proceso audiovisual con el que la directora agota y casi tortura a su público, es su perfecto manifiesto del desgastante y pornográfico mundo en el que vivimos.

